El activista que lucha en alta mar contra los balleneros japoneses

Pese a los intentos fallidos de juzgarlo, de las acusaciones de “ecoterrorista” por sus métodos que no pretenden denunciar, sino detener y que incluso inspiraron una serie de TV, de las controversias con Greenpeace (de la que fue miembro fundador), el capitán de la ONG Sea Sheperd –Pastores del Mar-, a los 62 años sigue adelante con su misión de defender la vida marina.

Paul Watson está intentando convencer a una corte federal norteamericana de que no es un pirata. Que defender a las ballenas del accionar asesino de los balleneros japoneses no puede serlo. “Protestar contra la actividad ilegal no es piratería”, señaló. Pero este canadiense de 62 años, activista desde los 19 y miembro fundador de Greenpeace, debe ser visto por no pocos como lo más parecido a un pirata moderno por sus métodos poco ortodoxos para defender el medioambiente.

Aunque su encanecida cabellera puede engañar, Watson es el líder de un grupo aguerrido y osado, Sea Sheperd Conservation Society (Sociedad de conservación, Pastores del Mar) que pasa buena parte de su tiempo en alta mar y cuya misión es entorpecer las tareas de los barcos balleneros que en época de caza pueden llegar a matar centenares de cetáceos.

Porque él no navega para “documentar” la acción depredadora de pesqueros japoneses, noruegos, islandeses. No, eso es lo que hacen los activistas tradicionales, denunciar. Para Watson no es suficiente.

El y los suyos dan pelea en el mar. Y no es metáfora. Como capitán del buque principal de la flota de Sea Sherperd –que integran otros dos navíos-, él interpone el “MV Steve Irvin” entre las ballenas, delfines o focas que quiere proteger y los enormes barcos balleneros. Luego lanzan redes y cuerdas al agua para bloquear las hélices y, si hace falta, bombas ácidas y humo a los pescadores; cualquier táctica que sirva para disuadir a los cazadores. Aseguran que así han salvado a miles de cetáceos y hundido una decena de barcos a largo de toda su historia.

Si hay daños en su lucha de defensa por la fauna marina, lo lamentan, son daños colaterales. Canadá intentó llevarlo a tribunales sin éxito, tras una acción que derivó en un accidente de la guardia costera en el que murieron tres personas.  Costa Rica afirma que pescadores suyos fueron amenazados por los “marinos” de Sea Shepard.

Fue en parte la causa que lo llevó ante los tribunales de Seattle esta semana. Por petición del país centroamericano fue arrestado en Alemania en diciembre de 2012, pero logró huir, la Interpol lanzó una orden de arresto y así fue como pasó un año en altamar. Japón, entretanto, solicitaba su extradición e intentaba que fuera aprehendido por “violar” una orden judicial que le exigía mantenerse a 450 metros de los pesqueros de bandera nipona, que según ellos incumplió y por la cual hoy está compareciendo en un intento por convencer al jurado de que no cometió desacato.

SU HISTORIA,

El año ’69 y con sólo 19 años Watson ya figuraba en las nóminas de un grupo que protestaba contra las pruebas nucleares Amchitka, Alaska. De allí salió Greenpeace y él fue uno de sus fundadores. Durante toda la década de los ’70 fue parte de la tripulación de sus buques y director de la organización. Así fue como en 1975 su vida tuvo un punto de quiebre. Siendo primer oficial en un viaje que los enfrentaría con una flota ballenera soviética, él (junto a Robert Hunter) fue de los primeros en arriesgar su vida cuando interpuso su Zodiac entre un arponero soviético y una manada de cachalotes.

En el enfrentamiento una ballena resultó herida, pero tuvo unos segundos de contacto con Watson antes de hundirse y éste afirma que logró reconocer en los ojos de la ballena moribunda la comprensión de que sabía que él intentaba ayudar. Esos segundos le bastaron para jurar convertirse en defensor de las criaturas del mar para siempre.

Dos años después Watson salió de Greenpeace por discrepancias en tornó a cómo hacer frente a las cacerías balleneras (ver aquí reveladora carta de Watson sobre Greenpeace, a la que le reprocha negarle que haya sido fundador y la opción por denunciar ante los medios de comunicación más que trabajar en terreno).

Entonces fundó Sea Sheperd, ONG internacional con sede en EE.UU. y cuyo trabajo se rige por la Carta Mundial de Naciones Unidas para la Naturaleza (1982) y otras leyes de protección de la flora y fauna marina.

La misión autoimpuesta de los “Pastores del Mar” es defender, conservar y proteger. Desde los ecosistemas de arrecifes de coral a las Islas Galápagos. También realizan tareas de educación en escuelas y trabajo en tribunales.

Desde hace cuatro años realizan la Operación “Paciencia Infinita” en Taiji, Japón, donde cada año tiene lugar una verdadera masacre de delfines y ballenas extensamente denunciada y documentada. Este año los Cove Guardians fueron 14 y llegaron al lugar a instalarse en sus barcos para ayudar a “detener esa matanza sin sentido”.

Han operado en aguas antárticas, santuarios balleneros y enfrentado a cazadores de focas en Canadá. Su labor es tan eficaz que en febrero de 2011 Japón suspendió temporalmente su caza “científica” por la acción de Sea Sheperd. Y su vida es tan apasionante que tiene hasta una serie en televisión, que ya va en su quinta temporada, “Defensores de Ballenas”, de Animal Planet, que registra las jornadas de persecución a los balleneros y la vida de la tripulación.

Entre los 50 que podrían salvar el mundo

Por supuesto, su “estilo” no es del gusto de todos. El influyente diario inglés The Guardian lo eligió en segundo lugar de una lista de las 50 personas que podrían salvar el planeta, publicada el año 2008. En el otro extremo, por tres años consecutivos -2006, 2007, 2008- la Comisión Ballenera Internacional, (IWC, su sigla en inglés), calificó de terroristas las acciones de Sea Sheperd y, en Islandia, un empresario naviero lo declaró persona non grata, tras un ataque a dos barcos suyos.

Ante los jueces Watson señaló: “No nos importa cómo nos llame la gente”, en relación a un fallo anterior que los calificaba de piratas. Hasta hoy los intentos de enjuiciarlo han fracasado, más allá de días de cárcel por tratar de hundir embarcaciones.

Con Japón la disputa es larga. La IWC “le permite” a este país cazar porque argumenta “fines científicos”. Pero la carne “restante” se vende como alimento en Japón. Los críticos dicen que ese es el verdadero propósito de la caza y Sea Shepard ve la caza como ilegal.

Ante la corte los japoneses dicen que la ONG violó durante 2013 más de 10 veces la prohibición de acercarse a ellos. Watson lo niega, pero la audiencia quiere esclarecer si la organización hermana de Sea Sheperd en Australia (que no  reconoce la orden de este tribunal y país que le ha negado la visa) realizó las acciones coludida con Watson.