Abejas chilenas a merced de insecticidas mortales

Apicultor de la Región del Maule perdió 30 mil abejas, luego de que fruticultor vecino usara un plaguicida legal. Casos similares se registran a menudo y a pesar de las reiteradas denuncias y solicitudes de prohibición, la autoridad no se pronuncia. Falta voluntad política, dice la Red de Acción en Plaguicidas.

Con escasa repercusión y cero medidas por parte de las autoridades siguen suscitándose nuevos casos de muertes masivas de abejas en Chile, debido al uso de insecticidas altamente cuestionados y peligrosos. En marzo y agosto de 2013 la Red de Acción en Plaguicidas Chile solicitó al Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) la prohibición inmediata de aquellos plaguicidas neonicotinoides, que la Unión Europea prohibió el año pasado, y de otros tóxicos dañinos, sin obtener respuesta.

Entre el 15 y 20 de octubre pasado un nuevo caso de mortandad de abejas melíferas afectó a un agricultor de Molina, Región del Maule, quien perdió 30 mil abejas durante una jornada de polinización de huertos frutales. Un agricultor vecino, exportador de manzanas, realizó un raleo de sus árboles con un insecticida (Sevin) -sin previo aviso, como suele ocurrir- a la hora de mayor calor y cuando es mortal para las abejas; es cuando ellas salen a buscar su alimento. Poco rato después se produjo la muerte de buena parte de las colmenas.

El hecho quedó registrado en este video, que el afectado subió a internet. Días después y a falta de resonancia mediática, otro apicultor denunciaba por el mismo soporte la muerte de más abejas a consecuencia de prácticas agrícolas similares en huertos de arándanos y manzanos. El año pasado hubo otros casos, con el mismo grado de ‘impacto’.

Los insecticidas neonicotinoides denunciados son el imidacloprid (nombre comercial Gaucho), clotianidina (Poncho), thiametoxam (Cruizer), de Syngenta y fipronil (Regent, de Bayer/Basf), cuyo uso ya está prohibido en la Unión Europea, y de otros plaguicidas tóxicos como el Sevin. Este último es un insecticida de amplio espectro, para control de plagas y cuyo efecto tóxico en plantas persiste por 70 días, según su misma etiqueta; las personas pueden ingresar a la zona tratada tras 12 horas, pero nada se dice respecto a los insectos.

ALERTA MUNDIAL

La masiva muerte de las abejas, responsables de al menos el 75% de los alimentos que consumimos gracias a la polinización, es una preocupación de la comunidad científica desde hace años. Las primeras muertes se registraron en 2006 y desde entonces han ido en escalada. Lo mismo que las investigaciones e iniciativas que buscan las causas y que apuntan a estos insecticidas mortales que afectan el sistema nervioso central de las abejas, alterando su capacidad para ‘navegar’ y dañando su sistema inmunológico.

Hasta el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) ha advertido sobre el riesgo que corre la producción masiva de alimentos por las amenazas a las abejas polinizadoras. La evidencia no es poca y está focalizada en los neonicotinoides, pero también acusa a los insecticidas usados de manera tradicional en la agricultura masiva y que han envenenado buena parte de los hábitats y ecosistemas del planeta.

VOLUNTAD POLÍTICA

Pero en Chile a nadie parece preocuparle. El apicultor del Maule afectado llamó al SAG, pero el inspector que se hizo presente señaló que el insecticida era legal y no tomó muestra alguna. Rapal Chile, que también ha liderado la lucha contra los transgénicos y promueve una agricultura sustentable y ecológica, con respaldo de 43 organizaciones campesinas y ambientalistas, de consumidores y profesionales del agro y la salud, aclara que el SAG sólo se ocupa de la sanidad de animales y plantas, pero los insectos son terreno de nadie.

Ante estos hechos, el viernes pasado Rapal Chile volvió presentar otra solicitud al SAG pidiendo eliminar, al menos de manera temporal, estos insecticidas. Pero a estas alturas señalan que se trata de voluntad política: “El Ministerio de Agricultura tiene que hacerse cargo y mandar las señales a los servicios… estas son resoluciones que no son difíciles de adoptar porque ya hay precedentes en la Unión Europea y otros países, en que se ha suspendido el uso de estos plaguicidas después de comprobar que efectivamente causan daño y muerte a las abejas”, afirman sus dirigentes.