En Oslo crean ‘autopista verde’ para alimentar a abejas en peligro

La capital noruega lanza una iniciativa que emula un corredor de techos, balcones y jardines con flores apreciadas por ellas –además de refugios-, que les permita cruzar la ciudad y “soportar las tensiones creadas por el hombre” que han afectado sus poblaciones en todo el mundo. Se trata de un proyecto concebido con el aporte voluntario del ciudadano urbano.

Son las principales responsables de la producción de alimentos, pero en las ciudades, donde abunda el asfalto y escasean las flores, las abejas literalmente mueren de hambre. Una ‘autopista verde’ pretende revertir su suerte en Oslo, capital noruega, donde se ha creado un corredor con estaciones para su alimentación que cruza la ciudad de Oeste a Este.

Según sus promotores, se trata de la primera iniciativa de este tipo en el mundo (aunque Barack Obama lanzó una iniciativa similar ligada a las mariposas, “Butterfly highway”, y las hay de otro género, como un santuario de abejas en la V Región de Chile). Es de un grupo ambientalista de apicultores urbanos, Bybi, quienes la empujan con la colaboración de la Sociedad de Jardinería de Oslo y el municipio.

“Estamos en constante remodelación del medioambiente para satisfacer nuestras necesidades, olvidando que otras especies también viven en él”, advierte Agnes Lyche Melvær, de ByBi. “Para corregirlo –explica-, tenemos que devolverles lugares donde puedan vivir y alimentarse”. Así de simple.

“Los elegantes árboles de hoja perenne y el césped de la capital son apenas una pequeña golosina para las abejas… ellas aman las flores coloridas, preferentemente las que gotean néctar”, escribe un portal de noticias noruego, llamando a colaborar, pues se trata de un “proyecto que se concibe como un voluntariado entre sus habitantes urbanos; profesionales, barrios, empresas y organizaciones”, en palabras de Melvær.

“La idea es crear una ruta a través de la ciudad con estaciones de alimentación suficientes –idealmente cada 250 metros- que les permita soportar mejor las tensiones ambientales antropogénicas (creadas por el hombre)”, explican desde la Sociedad de Jardinería de Oslo. Cualquier lugar sirve para poner plantas con flores atractivas para ellas: terrazas, balcones, maceteros, techos, etc.

PLANTA FLORES, HAZ UN REFUGIO

“Insectos polinizadores mueren en todo el mundo por falta de comida diversa y no tóxica y de lugares para alojar… planta flores en techos, jardines, el parque o la escuela”, invita la aplicación donde los colaboradores pueden subir fotos y datos de su aporte –ya sean plantas con flores o refugios donde los insectos pueden guarecerse del clima y los depredadores- que los vecinos pueden consultar para ver las áreas grises y animarse a ‘colorearlas’. La idea es que se transforme en un mapa digital de la ‘carretera verde’.

Allí se encuentran ideas para un refugio, por ejemplo. Basta un trozo de madera seca, al que sólo hay que hacerle algunos agujeros –de 4 a 10 mm- y sirve de ‘habitación’ para las abejas. Lo mismo marcos de madera con unas cuantas divisiones o palos de bambú, ladrillos porosos. Hay que ubicarlos en lugares soleados, rodearlos de ramitas para camuflaje. Los abejorros prefieren guaridas en la tierra, agujeros de 20 a 30 cm de profundidad y 2 cm de diámetro, con ‘ductos de ventilación’ de 3 cm por los costados, que hay que cubrir con una tela.

TODA UNA VIDA: UNA CUCHARADA DE MIEL

El grupo de entusiastas de Bybi se empeña en ayudar a las abejas desde octubre de 2012 en Oslo y están contentos con los avances de su ciudad. Dicen que los pulmones verdes  con cultivos alimentarios para ellas se multiplican; un paso, los 40 acres de flores que estableció el Palacio Real; más de 80 proyectos de agricultura orgánica; el destierro de pesticidas en áreas verdes públicas, además de nuevos puestos de trabajo basados en emprendimientos urbanos de productos apícolas.

“Estamos trabajando activamente para educar e integrar a los barrios sobre la fascinante y laboriosa vida de las abejas”, dicen.

Una de las conquistadas es una mujer que promovió en su oficina –ubicada en un elegante barrio financiero de Oslo, en un muy moderno edificio- plantar flores de vivos colores en la terraza e instalar un par de colmenas, a un costo de casi 52 mil dólares. Emocionada explicaba a la agencia France Press: “Las abejas trabajadoras viven aproximadamente 60 días… durante sus vidas no producen más que una cucharada de miel. Si nosotros hubiésemos hecho su trabajo, pagado con el salario mínimo, un frasco de miel costaría 182 mil dólares”, concluía, intentando valorizar su aporte.

Biólogos de la Red de Biodiversidad de Noruega apoyan la carretera, pero critican que las autoridades se escondan detrás de este tipo de iniciativas privadas, promoviendo en paralelo la agricultura intensiva, que mata a muchas abejas. “La agricultura es completamente dependiente de los polinizadores para la producción de alimentos, como ellos dependen de la agricultura diversa para sobrevivir”, dicen.

En Noruega, un tercio de las 206 especies de abejas figuran amenazadas en la Lista Roja del país y 12 ya habrían desaparecido; de las 35 especies de abejorros, seis están al borde de la extinción. Con todo, se considera que la situación no es tan alarmante como en otros países europeos y del resto del mundo, donde desde hace años vienen desapareciendo poblaciones completas de abejas con consecuencias aún insospechadas.