Ballenas jorobadas v/s petróleo en Canadá

El gobierno canadiense rebajó la categoría del cetáceo de “amenazado” a “de especial preocupación”. No se trata de un detalle, supone que quedan desprotegidos legalmente. Y deja el espacio para dar luz verde a un proyecto de oleoducto que busca sacar crudo y embarcarlo desde las costas del Pacífico norte –claves para la supervivencia de estas ballenas.

Es sospechoso. Y lo que piensan los ecologistas es que se trata simplemente de una jugada para despejar el camino a un oleoducto. El gobierno canadiense publicó el pasado sábado en su diario oficial que las ballenas jorobadas no son ya una “especie amenazada” sino solo “de especial preocupación”. La diferencia no es un detalle, significa que su hábitat no estará ya protegido por la ley.

La recomendación oficial se basa en un estudio científico de 2011 que habla de “una gran abundancia de la especie” en las costas canadienses del Pacífico. La ballena jorobada, el mamífero más grande del planeta después de la ballena azul, había sido declarada especie amenazada en 2005, cuando estudios de 2003 estimaban su población en apenas unos “centenares”. Citando otras estimaciones de 2006, que situaba su número en 18 mil ejemplares, el gobierno las rebaja de categoría.

La modificación alertó tanto a ecologistas como a partidos de la oposición. La influyente Fundación David Suzuki señaló que era ‘inquietante’ que esto ocurra “en el mismo momento en que está en estudio un gran proyecto de desarrollo”, refiriéndose al oleoducto Northern Gateway.

Éste tendría una extensión de 1.200 km sobre la costa canadiense, desde la provincia de Alberta a través de las montañas Rocallosas y llegaría hasta la provincia de la Columbia Británica  -la más occidental de Canadá en la costa Pacífica- al puerto de Kitimat, zona fronteriza con Alaska. Desde aquí sería cargado para su exportación a China y otros mercados de Asia.

SE ALIMENTAN SOLO EN VERANO

Justo allí, en el Pacífico norte, el proyecto interfiere con el hábitat de las ballenas jorobadas. Ahí, en la Columbia Británica, está el Parque Nacional Gwaii Haanas, de conservación marina, que significa “Islas de la Belleza”, compuesta por islas, islotes, bahías, ensenadas y playas; veinte especies de ballenas y delfines circulan por las aguas marinas. Las rutas de migración de la ballena jorobada, buscando su alimentación en verano, pasan por esta región y se considera determinante para la especie.

¿Por qué? Porque las también llamadas yubartas se alimentan sólo en verano en las regiones polares, de krill y peces pequeños. Para reproducirse y parir a sus crías, durante el invierno polar migran a aguas tropicales y subtropicales, donde ayunan durante toda la temporada, subsistiendo gracias a sus reservas de grasa.

¿BALLENAS, PROTOCOLO DE KIOTO?

El principal partido de la oposición al gobierno conservador del primer ministro Stephen Harper, el NPD (Nuevo Partido Democrático), acusó a éste de querer “satisfacer a sus amigos de la industria petrolera y abrir la puerta al proyecto de oleoductos”.

Y es que para Harper, explotar el petróleo de las arenas bituminosas de Alberta -que se consideran las mayores reservar mundiales, después de Arabia Saudí-, es estratégico para Canadá. Lo mismo que su exportación a mercados asiáticos a través del Pacífico canadiense. Y debe decidir la autorización del proyecto antes de junio. Por ello, pasar a las jorobadas a otro categoría de manera, “increíblemente rápida”, según la Fundación Suzuki, despierta sospechas.

“La ruta de los petroleros viajará directamente a través del hábitat identificado como crítico por la propia estrategia de recuperación (de la población de ballenas jorobadas) del Gobierno”, señaló la ONG ecologista Living Oceans, en enero pasado, advirtiendo que las leyes canadienses hacían inviable un oleoducto y una terminal de carga en Kitimat por la condición de especie amenazada de las ballenas.

De prosperar, Northern Gateway trasladaría unos 525 mil barriles de crudo al día desde Alberta a Kitimat y cada año circularían por la ruta hasta 700 cargueros de petróleo. Hace menos de una semana, los habitantes de este último pueblo votaron en un 58.4% “No”, contra el proyecto de 6.5 mil millones de dólares; aunque el plebiscito no es vinculante para la decisión del gobierno federal.

No debería asombrar si ésa fuera favorable. En 2011, Canadá ni se arrugó para abandonar el Protocolo de Kioto y no pagar las multas por incumplir el pacto de reducción de emisiones. Ya se decía que Harper, que llegó al poder en 2006, nunca estuvo interesado en él, especialmente para no afectar la explotación petrolera de Alberta.