Grandes simios: la campaña contra la matanza, tráfico y esclavitud

Crimen organizado y corrupción es lo que denuncia la entidad conservacionista que lanzó una campaña contra el tráfico ilegal que entre 2005 y 2011 contabilizó 22 mil  chimpancés, orangutanes gorilas y bonobos comercializados. También está en marcha un manifiesto que busca reconocerlos jurídicamente como personas no humanas. 

Cada año son cientos los grandes simios asesinados o esclavizados en un negocio millonario e ilegal que amenaza con extinguirlos  y al que quiere poner freno una campaña lanzada ayer, en Kenia, por Ol Pejeta Conservancy, entidad que mantiene el único santuario del país que acoge desde 1993 a chimpancés huérfanos y víctimas de abuso.

El Proyecto para Acabar con la esclavitud de los grandes simios (PEGAS) surge porque a pesar de que estos figuran en el Apéndice 1 de la Convención sobre el Tráfico de Especies Amenazadas, CITES, lo que significa que su comercio está estrictamente prohibido, cada año unos 3 mil simios mueren y otros tantos son capturados. Un reciente informe de ONU e Interpol dice que entre 2005 y 2011 la venta ilegal de grandes simios llegó a 22 mil.

“Las redes del crimen organizado, en las que están implicados funcionarios corruptos, amenazan con hacer desaparecer a los grandes simios”, afirmó Daniel Stiles, promotor de la iniciativa que se inició con una petición en línea dirigida justamente a CITES:

“Lo más chocante es el hecho de que las autoridades nacionales de la CITES, funcionarios corruptos de varios países, están profundamente involucrados en este tráfico… Con permisos fraudulentos de CITES los venden a los traficantes, que los utilizan una y otra vez para exportar los simios, generalmente infantes huérfanos traumatizados, cuyas madres son asesinadas en los bosques”, señala en una de sus partes la petición.

10 GRANDES POR UN BEBÉ

Durante el lanzamiento de la campaña explicaron que para capturar a un bebé simio “matan sin piedad al menos a 10 grandes” y luego “los huérfanos son vendidos casi como esclavos, podríamos decir, puesto que los grandes simios son la especie más cercana a los humanos”.

Estas parodias los degradan y los convierten en esclavos.

Estas parodias los degradan y los convierten en esclavos.

Empresas de safaris, parques, zoológicos públicos y privados en Oriente Medio y Asia del Este son los principales culpables de generar una enorme demanda de chimpancés, bonobos, gorilas y orangutanes, los llamados grandes simios. “Son una fábrica de dinero para sus propietarios –señala Ol Pejeta Conservancy-. Se paga por verlos actuar en parodias degradantes, vestidos con trajes de colores, mientras andan en bicicleta o tocan la batería. Luego son encerrados en jaulas oscuras hasta la próxima actuación. “Los grades simios experimentan emociones muy similares a los seres humanos por lo que sufren en gran medida esta condición de esclavitud”.

Una de las peticiones concretas a CITES es instar a sus Estados miembros a respetar el Artículo VIII de la Convención y confiscar los simios traficados ilegalmente y en lo posible repatriarlos a África, seguido de juicio a los criminales y funcionarios corruptos involucrados.

Como ejemplo de la indolencia ante este tipo de hechos se cuenta el caso de un zoológico chino donde fueron encontrados 48 chimpancés sin permiso y no se tomo ninguna acción: “si existe comercio de vida silvestre, se espera que las autoridades arresten a todos los involucrados, pero eso no es lo que pasa”, acusan.

PERSONAS NO HUMANAS

La discusión respecto a su cercanía y parentesco con el hombre ha llegado al punto que un puñado de intelectuales, liderados por el filósofo Jorge Riechmann y seguidos de especialistas en biología, bioética, antropología, reclaman el reconocimiento jurídico de los grandes simios como personas no humanas.

“Aunque en distinto grado, todos los homínidos o grandes simios (chimpancés, bonobos, gorilas y orangutanes), emotiva y cognitivamente pueden compararse con niños de dos años. Es cierto que tienen 48 cromosomas y más pelo, pero también hay humanos con 44, 45, 46, 47, 48 y 49 cromosomas, más pelo y otras diferencias, y no dejan por ello de ser personas”, señalan quienes abogan por este cambio legal.

El manifiesto, al que se puede adherir aquí, es defendido por no pocas personalidades. En una reciente columna publicada en el diario El País y titulada “Un silencioso genocidio en marcha”, la escritora Rosa Montero anima a suscribirlo y “salvar del infierno” a estos parientes cercanos:

“Los grandes simios están muriendo, los estamos exterminando junto con las selvas tropicales, que caen bajo las motosierras para plantar palma de aceite o soja y hacer biodiesel. Estamos causando una catástrofe ecológica colosal que se ampara en dos mentiras: en la falsedad de que el biodiésel es ecológico y en el hecho de que la FAO contabiliza como zona vegetal a estos monocultivos, cuando en realidad son desiertos verdes carentes de toda vida. En Indonesia, tercera reserva vegetal del mundo, se talan 51 kilómetros cuadrados de selva cada día… El orangután sólo vive en Indonesia: dentro de cinco años habrá desaparecido. Y después, enseguida, los bonobos. Y muy pronto, los demás grandes primates. Estamos cometiendo un genocidio y casi nadie parece preocuparse”.