Los derechos de los animales pueden esperar: La UE no frena los ensayos

Son unos 12 millones de animales muertos en Europa cada año. Son las anónimas víctimas de la investigación científica que ensaya en ellos para aprobar nuevos avances en medicina y otras áreas. No tienen voz para reclamar, pero si lo hicieron por ellos más de un millón de europeos que apoyaron la iniciativa ciudadana StopVivisection, que llevó una petición ante la Comisión Europea que buscaba abolir la experimentación. Por ahora, fracasaron, pero el tema está instalado.

“Europa está reduciendo el número de ensayos con animales. No obstante, ahora sería prematuro prohibir completamente la investigación con animales en la UE, y con ello se correría el riesgo de ahuyentar la investigación biomédica fuera de Europa”, es el argumento que usó la Comisión Europea para no abolir la experimentación con animales. 

La entidad respondió así a la iniciativa ciudadana StopVivisection que entre el 2012 y 2013 consiguió reunir un millón 170 mil firmas del 25% de países miembros de la Unión Europea, el requisito para llevarla a la comisión que conoció de ella en mayo último.

Pero más allá del rechazo, Stop Vivisection repuso en el tapete el drama del uso de animales en los ensayos médicos por fármacos y otros productos.

Y es que la cifra de animales muertos por experimentos es mucho mayor de lo que se habla. Se calcula que sólo en Estados Unidos la cifra llega a los 25 millones al año (un 95% de ellos roedores). Una investigación de la Cruelty Free International (antes llamada Unión Británica para la Abolición de la Vivisección) sostiene que cada año en el mundo unos 115 millones de animales en promedio se utilizan en las pruebas. 

Y  los 10 países que más experimentan son:  Estados Unidos, Japón, China, Australia, Francia, Canadá, Reino Unido, Alemania, Taiwán y Brasil, aunque es difícil tener una cifra oficial considerando que los países no están obligados a informar sobre ello

La Comisión Europa, junto con rechazar la petición, se comprometió a acelerar la búsqueda de métodos alternativos al uso de animales y recordó que la Directiva 2010/63/UE, que la iniciativa ciudadana quería derogar, tiene por objeto “aumentar el bienestar de los animales cuyo uso es necesario para la investigación científica”.

La fórmula de la entidad parece simple y se denomina las 3R: Reemplazar por cultivos celulares o simulaciones informáticas el uso de animales cuando es posible, Reducir el número de animales empleados a los estrictamente necesarios y Refinar los métodos empleados para mejorar el bienestar animal.

Las sociedades científicas europeas plantean que es imposible renunciar por completo a la experimentación animal, por considerarla clave en el desarrollo de prácticamente todos los tratamientos contra enfermedades humanas y animales.

Pero Jane Goodall, la emblemática activista en favor de los chimpancés, siembra dudas sobre los reales beneficios para los animales: “Lo que me hace reír es que si desarrollas una vacuna para proteger a chimpancés y gorilas, ¿vas a meterte luego en la selva africana para vacunarlos? Son poblaciones salvajes. Yo necesité un año para acercarme lo suficiente a un grupo. Intentar vacunar a chimpancés no habituados al ser humano es estúpido”, declaró en una entrevista al diario El País.

Y no sólo defiende a los primates, sino también a otros animales como las ratas. “Las cosas desarrolladas en ratas o en ratones no nos van a beneficiar en cualquier caso, porque no somos ratas”.

La solución con los experimentos en animales para Goodall es “ir paso por paso. Un paso obligatorio a mi juicio es que vivan en mejores condiciones. El segundo paso es invertir mucho más dinero en investigar alternativas. El tercer paso es preguntarse si realmente se necesita un chimpancé, o un mono, o un perro, o una rata”.  

ANIMALES: ¿COSAS A LIBRE DISPOSICIÓN?

La iniciativa StopVivisection es sólo una señal de que está cambiando la forma en que las sociedades asumen su actitud frente a los animales.

En España han logrado disminuir a 920 mil los animales que usan en ensayos, de los 1.4 millones que utilizaban el año 2009.

Este mes fue lanzado en ese país el libro El Derecho de los Animales, escrito por filósofos, juristas y etólogos, en que exige una nueva frontera moral del respeto humano al resto de los animales, dejando atrás el concepto de que los animales son cosas a libre disposición de sus dueños. 

“Los intelectuales y científicos […] que polemizan abiertamente a causa de la tauromaquia, la caza, los experimentos con animales en laboratorios, las granjas o los mataderos industriales son los que se preguntan si podemos dar indefinidamente un trato injusto, degradante o cruel a los animales”, reflexiona en el prólogo del libro el escritor Basilio Baltasar, director del área cultural de la Fundación Santillana.

“Hablar de los derechos de los animales tiene que ver con el progreso moral de la sociedad”, manifestó Joaquín Estefanía, director de la Cátedra de Estudios Iberoamericanos Jesús de Polanco.

Ese es el argumento que utilizó en Dinamarca, en mayo pasado, el conductor de la Radio24SYV, Asger Juhl, para matar en vivo a un conejo ante los sorprendidos e indignados oídos de sus auditores.

La acción se ganó el repudio de miles de daneses, pero en un comunicado la radio dio cuenta de la situación que viven los animales en ese país: “Dinamarca es uno de los países del mundo que consumen más carne y los consumidores que buscan productos baratos compran sin preguntarse sobre la vida y muerte del animal. Los consumidores daneses permiten mantener a 13 pollos en un metro cuadrado. En las granjas danesas, 25 mil cerditos mueren cada día porque la agricultura mantiene cerdas reproductivas que producen más animales de los que se pueden alimentar. Estas condiciones provocan muy pocas reacciones por parte de los consumidores”, argumenta Radio24syv.