Naomi Klein: “No se trata del carbono, sino del capitalismo”

Ha denunciado los males del consumismo, la globalización y el neoliberalismo. Ahora, la escritora, periodista y activista canadiense, musa inspiradora para muchos, acaba de publicar su tercer libro, donde plantea que es el sistema entero es el que amenaza nuestra supervivencia.  Y que llegó el momento de actuar para cambiarlo.

 “Esto lo cambia todo: capitalismo vs. el clima” salió hace unas cuantas semanas, previo a la Cumbre del Clima y su autora, Naomi Klein, se sumó a las multitudinarias marchas que desde todas las ciudades llamaron a los gobernantes a cambiar el rumbo. La periodista y activista canadiense de 44 años no es una ecologista, sino más bien una ácida crítica del sistema económico que nos ha puesto en este punto.

Debutó el año 2000 con “No logo”, denunciando la cultura de consumo al mismo tiempo que a las grandes marcas que trasladan sus fábricas a países pobres para abaratar costos, sobreexplotando a los trabajadores locales y usando mano de obra infantil. En 2007 publicó “La doctrina del shock”, donde analiza cómo se usaron guerras, golpes de estado y desastres naturales para imponer radicales reformas de libre mercado.

Algunos la sindican como la nueva musa de la izquierda norteamericana. Quizás. Sí es  una superventas y su voz se escucha en un movimiento cada vez más amplio, que desde hace un tiempo va más allá de los ambientalistas convencidos, a quienes no está dirigido el libro. El volumen aborda el cambio climático, porque “lo que está en juego es nuestra supervivencia”, pero cuestiona el sistema y demanda justicia económica.

“SI FUERA SÓLO LA TEMPERATURA…”

Klein sostiene que la crisis climática se ha pensado al revés. El tema es más que el carbono: “Durante 25 hemos intentado acomodar las necesidades del planeta al capitalismo de mercado, que exige el crecimiento constante y máximo beneficio. Los resultados han sido desastrosos….”, dice al diario El Mundo.

“El sistema económico ha declarado la guerra al planeta –afirma. Si seguimos por este camino, aumentando al ritmo actual las emisiones de CO2, podemos experimentar un calentamiento de cuatro a seis grados centígrados. De momento hemos llegado a 0,7 grados y ya estamos sufriendo los efectos”.

En entrevista con The Guardian aclara que si fuera sólo el aumento de temperatura, el asunto tal vez sería manejable: “pero el hecho es que hay un montón de problemas con este sistema y ​​en la parte superior de todos ellos, es que está desestabilizando el sistema de soporte de vida de nuestro planeta”.  Y eso lo cambia todo: se trata de supervivencia. A eso alude el título del libro.

Además la brecha entre el 1% más rico y el resto se profundiza, víctima del capital global. Por eso apunta a la necesidad de una lucha ideológica. Postula que mientras las economías han seguido vomitando carbono, los ecologistas han perdido tiempo intentando convencer a grandes empresas y millonarios para adoptar medidas a favor del clima.

Klein no es ecologista, pero sí activista. Es sindicada como la musa de la nueva izquierda norteamericana.

Klein no es ecologista, pero sí activista. Es sindicada como la nueva musa de la izquierda norteamericana.

Habla de una “puerta giratoria abierta de par en par” para referirse a la relación entre política y grandes empresas de energía. “En todos los países occidentales existe una connivencia que está dinamitando el sistema democrático. Una de las luchas claves de este siglo va a ser la de la democracia energética”, afirma.

OPTIMISTA

Ella cree –y lo explica como columnista del diario inglés- que es necesario obligar a los contaminadores a pagar, por ley, la transición hacia una economía no sustentada en combustibles fósiles. Que desde que vienen haciendo cumbres intentando poner de acuerdo a gobiernos y empresarios ha pasado mucho tiempo y es hora ya de decir. “Ok, hemos probado a tu manera y no tenemos otra década para perder”.

A pesar de todo, Klein es optimista: “creo que no estamos ni siquiera cerca de donde necesitamos estar, pero estamos en un camino”. Un puñado de hechos alimentan su esperanza; avizora un tipo nuevo de activista climático que va directo y cuestiona, y una serie de movimientos que mediante las redes sociales globalizan la demanda por la crisis climática, urgen cambios y democratizan soluciones.

¿Ejemplos? 350.org, movimiento conectado en 188 países con campañas en línea; Transition Network y Energy Transition; que promueven la transición a modelos de energías verdes desde las mismas comunidades auto-organizadas. Y la misma marcha por el clima, que reunió en Nueva York más de 300 mil personas.

También rescata otros hechos, como el creciente movimiento de desinversión en combustibles fósiles, que incluye a los Rockefeller, “apellido sinónimo de petróleo”; además de universidades y otras entidades y organizaciones; o que LEGO corte su relación con Shell por la presión ciudadana.

“Algunos se muestran escépticos –escribe Klein en su última columna-. Que es una forma de limpiar nuestra conciencia, pero no el ambiente? La crítica pasa por alto el profundo poder y potencial de estas campañas. En el fondo, todos apuntan a la legitimidad moral de las compañías de combustibles fósiles… Este movimiento está diciendo que no es ético asociarse con una industria cuyo modelo de negocio se basa en desestabilizar a sabiendas sistemas de soporte vital del planeta… y esta ilegitimidad tiene el potencial de romper el punto muerto en la acción climática”, afirma.

“Nuestro modelo económico está en guerra con la vida en la tierra”, dice Klein en este breve video promocional sobre su último libro.